14 jul. 2012

ODISEO EN EGIPTO


Antes de comenzar con el relato, me gustaría hacer unas aclaraciones para poder entenderlo mejor. La siguiente historia la hice intentando imitar la técnica narrativa del clásico libro de la Odisea de Homero, donde narra cómo Odiseo se ve obligado a vagar sin rumbo y sin poder volver a Ítaca, al haber sido castigado por el dios Poseidón, ya que Odiseo dejo ciego a su hijo Polifemo. Es por ello, por lo que aparecen muchas exclamaciones y expresiones como:
*-¡Ay de mí! //  ¡Laertíada del linaje de Zeus! ¡Odiseo fecundo en ardides!// aurora de rosáceos dedos (amanecer)
Mi relato trata sobre cómo sería esta historia trasladada a Egipto.


ODISEO EN EGIPTO

Arete continuó trayendo dulces manjares a la mesa, mientras Alcinoo y los demás comensales mantenían la mirada atenta en Odiseo, incitándole para que prosiguiese con el relato de sus aventuras. Una vez que Arete hubo finalizado, Odiseo prosiguió narrando sus hazañas.

Después de vagar perdido durante semanas por el largo ponto, sin rastro de lo poco que había quedado de su bajel, Odiseo se dispuso a inspeccionar el lugar.
Odiseo: -¡Ay de mí! -exclamó Odiseo ¿Qué hombres deben habitar esta tierra a que he llegado? ¿Serán violentos, salvajes e injustos, u hospitalarios y temerosos de los dioses? ¿A dónde iré perdido?
En ese momento, en forma de respuesta, llegó a sus oídos una música singular. Odiseo maravillado decidió seguirla. El lugar donde lo llevo, lo dejó totalmente anonadado, nunca había visto algo tan armonioso, ni oído algo tan matemáticamente perfecto.
Un templo de magnánima envergadura se erigía ante sus ojos. Sin apenas pensarlo, Odiseo entró en aquel lugar edificado por los dioses.
- Merit en Nit: ¡Laertíada del linaje de Zeus! ¡Odiseo fecundo en ardides! Mi nombre es Merit en Nit, la diosa Isis me manifestó tu llegada. Seas bienvenido al país de la tierra negra, Kemet. Morada de Amón, pues el templo en el que te encuentras no es otro que el de Uaset (Tebas).
Odiseo, sobresaltado, giró su rostro para poder ver a la dueña de aquella musical voz. Se trataba de una joven de cabellos negros y suaves como el alabastro. Un vestido de delicado lino, dejaba adivinar su figura esbelta y su cuerpo desprendía el dulce olor del perfume elaborado con el mejor almizcle.
-Odiseo: ¡Oh Merit en Nit! ¡Yo te imploro seas diosa o mortal! ¡Tú, la amada por Neith, la de bellos ojos negros cómo la noche! Me encuentro abrumado por tantos pesares vividos. Yo, que vi morir a cada uno de mis compañeros, que tuve que enfrentarme a Cíclopes, sirenas y gigantes. ¡Ay de mí! que tan solo vivo con el pensamiento de regresar a mi tan querida patria. Te imploro bella Merit en Nit, que me muestres el camino a Ítaca para poder volver a ver a mi dulce Penélope y a mi primogénito Telémaco.
-Merit en Nit: ¡Laertíada del linaje de Zeus! ¡Odiseo fecundo en ardides! Sé cuánto has tenido que sufrir en manos de crueles y falsos dioses. Para que yo pueda ayudarte, primero debes dejar tu fe en manos de los dioses egipcios. Si estás dispuesto a ello, dale como ofrenda al dios Amón, el dorado colgante que pende de tu cuello, y reúnete conmigo en la sala hipóstila de este templo.
Dicho esto, Odiseo sin pensarlo varias veces, y absorto todavía por la belleza innata de Merit en Nit, se dirigió, cansado por todas las desdichas pasadas en manos de crueles dioses griegos, a venerar al que sería su nuevo dios, Amón. Finalizada la ofrenda acudió donde le había dicho aquella joven de ojos color negro.
-Merit en Nit: Bien hecho Odiseo fecundo en ardides , los sacerdotes te tienen preparada una habitación con ropas de lino blanco, afeites y dulces dátiles para que te asees y sacies tu apetito. Pero, primero he de hablarte de lo que Isis me contó la otra noche.
-Odiseo: ¡Oh, amada por Neith! ¡Muéstrame con tu musical voz lo que mi nueva y bella diosa te ha contado!
-Merit en Nit: Isis, la amada de Osiris y madre de los mortales, me contó todas tus pesadumbres cometidas por la ardiente irá de Poseidón, ella acongojada y apenada por verte sufrir, mandó al dios Hapi (Dios egipcio del Nilo) que te trajese a nuestras aguas para poder ayudarte desde tierra firme. Mañana, cuando los rayos de Ra comiencen a regalarnos su calor, deberás dirigirte al desierto y evitar al dios Seth, dueño de esas tierras, e invocar en el oasis de Ahm Shere a la diosa Isis, allí te contará lo que solo tú, debes oír. Ahora ves a descansar, los sacerdotes te esperan.
Dicho esto, Merit en Nit desapareció por la fila de columnas cuneiformes para no volver más.
Esa noche, Odiseo rezó a Amón, y por vez primera después de mucho tiempo cayeron en sus párpados un sueño profundo y reparador.
Cuando se descubrió la aurora de rosáceos dedos, Odiseo abrió sus ojos. Se sentía realizado y feliz. Esa tierra era distinta a todas las demás, Egipto poseía cierta magia particular, capaz de enamorarte de cada uno de sus recovecos, en tan solo una gota de clepsidra. Era la tierra de la armonía cósmica, la coexistencia de todos los elementos esenciales, formando un todo. El hogar de los dioses, la cuna de las civilizaciones, donde la ciencia y la naturaleza van cogidas de la mano. Sin duda alguna, es el lugar donde todo comienza y acaba, morada de las respuestas a todas las preguntas que se ha hecho la humanidad a lo largo de los siglos.
Odiseo apartó todos estos pensamientos de su cabeza, y se dispuso a ir al encuentro de la diosa Isis.
Nunca antes había visto algo parecido, arena fina y suave por todas partes. Se sentía desorientado, exhausto y cayó desplomado. Un ruido le hizo abrir los ojos, la luna era ya, dueña del cielo, y un ruido le obligó a levantarse. El ruido prosiguió, y Odiseo fue a buscar al causante, en una pequeña gruta. Entonces, pudo ver al poderoso Seth.
-Seth: ¡Odiseo fecundo en ardides! Se que te han advertido de mi peligro, pero no les creas. No te haré daño, solo quiero decirte la verdad sobre Merit en Nit e Isis. Ellas quieren separarte de tu tierra, conspiran contra ti todo tipo de maldades. Ven conmigo, acércate un poco más, yo te ayudaré a regresar a Ítaca.
Odiseo: ¡Jamás dios del desierto! ¡No caeré en tus mentiras!
Entonces, Seth se dispuso a matarle con sus dientes abalanzándose sobre él, en ese momento apareció Isis de por medio, haciéndole desaparecer temeroso de la reprimenda.
-Odiseo: ¡Oh, amada de Osiris! ¡Reina de los dioses! Gracias por salvarme del temido Seth. ¡Que dicha la mía! Pues a ti, ¡Oh, diosa! estaba buscando, por ello me dirigía a Ahm Shere.
-Isis: ¡Odiseo fecundo en ardides! aquí me tienes, en mi morada del oasis de Ahm Shere. ¿Qué es lo que buscas de mí?
-Odiseo: ¡Mi venerada diosa! te buscaba porque deseo partir a Ítaca, mi patria, donde no puedo regresar porque el dios Poseidón me impide airado al cegarle a su preciado hijo, el Cíclope, y ahora hace de mi vida una desdicha.
-Isis: Me abruma aquello que cuentas, Laertíada. Sin embargo, hiciste bien en venir en mi busca, pues tengo tu solución. Debes entrar en aquella pirámide que te señalo, y en la última sala, la más pequeña de todas, cubierta de sagrados textos, encontrarás  tu salvación. Cuando estés dentro deberás leerlos, no te preocupes, porque sabrás hacerlo.
-Odiseo: ¡Oh, Reina de los dioses! cuando llegue a mi tierra, le hablaré a todos de tu poder y te rendiré culto inmolándote con diarias libaciones y sacrificios.
-Isis: ¡Odiseo fecundo en ardides! casi se me olvida, cuando leas los textos, en la última palabra deberás pronunciar Ítaca para poder volver y aparecerás en tu amada tierra.
Dicho esto, Odiseo se puso en camino.
Ahm Shere era distinto a todo lo demás, estaba lleno de vegetación y frescura por todas partes.
Odiseo, encontró la sala mencionada por Isis sin ningún problema. La estancia irradiaba divinidad y poder. Fijó la vista en los crípticos, comprobando así, que podía leerlos. Odiseo titubeó un momento, pero enseguida comenzó a leer. Aquellas palabras que pronunciaba tenían un brío especial. Cuando Odiseo llegó a la última palabra, se detuvo vacilante. Por su cabeza no dejaban de pasar todo tipo de sentimientos y recuerdos. Recordó momentos de su infancia por las calles de Ítaca, el primer día que vió a  Penélope y pensó también en su hijo Telémaco. Entre estos recuerdos, se entremezclaban sonidos y olores de otra tierra, Egipto. Volvió a escuchar aquella melodía que le llevo hasta Tebas, ese templo digno de dioses, con dulce olor de incienso, ropas de lino, figuras de alabastro y joyas de precioso lapislázuli, y de pronto, un olor sensual de suave almizcle, unos preciosos y grandes ojos color azabache, una voz musical. Merit en Nit.
Odiseo se hallaba confundido, estaba a tan solo una palabra de su patria, y sin embargo sus labios estaban bloqueados. Cerró los ojos, inspiró profundamente y sus labios se despegaron al fin.
Cuando abrió los ojos se hallaba en otro lugar, estaba en un dormitorio, se podía ver el contorno esbelto de una mujer tendida sobre la cama. Odiseo se acercó, y la besó en la frente, ahora sería el hombre más feliz del mundo, ya nada volvería a perturbarle.



☼`·.,¸¸,.·´¯ ▲•Neith•▲ ¯`·.,¸¸,.·´•▲Tras las arenas del tiempo▲ ·.·´¯`·.·☼

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