13 sept. 2011

La mujer en el antiguo Egipto



La mujer

Mantenía su nombre, una cierta independencia e incluso su trabajo: había comadronas, tejedoras, intendentes, o bien colaboraban con el negocio de su marido. Adquirían rango al casarse: nbt pr significa administradora del patrimonio, y en la casa eran las que organizaban todo. Solían prestar mucha atención a su aspecto, mimando especialmente el peinado y maquillaje. En las pinturas que nos han llegado, mientras la piel de los varones se representa morena, la de las mujeres de clase alta es de tono más pálido. Ello servía para indicar su alto status y para indicar tanto que permanecían resguardadas del sol en la casa, como que podían pagarse los cosméticos. Otras versiones (discutibles) indican que era un símbolo de pureza, belleza y de inactividad con respecto a los hombres, a los que se les representaba siempre con un tono más oscuro de piel.

La principal función de la mujer era proporcionar descendencia y realizar las tareas domésticas. No obstante, también podía realizar actividades fuera de casa.

 
“Entre ellos son las mujeres las que van al mercado y hacen las compras, en tanto que los hombres se quedan en casa tejiendo.”
Herodoto.

Matrimonio

Comenzaba por lo general cuando la pareja se iba a vivir junta, ellas entre 12 y 14 años, ellos sobre los 16, sin ningún tipo de sanción oficial, salvo la firma de un contrato privado en el que se detallaban los bienes de cada uno: la boda se celebraba en familia porque era un asunto privado. La monogamia o la poligamia eran una cuestión práctica, sin trascendencia jurídica o moral: al tener la esposa e hijos derecho a parte del patrimonio del marido, esta cuestión influía en la decisión de tener o no una segunda esposa, o que ésta fuese una esclava.

Divorcio

Era también cuestión privada, podía ser solicitado por cualquiera de los cónyuges, por motivos tan amplios como el adulterio, la esterilidad e incluso la fealdad de la esposa. Si previamente se habían delimitado los bienes de los dos cónyuges en el contrato privado realizado por un escriba, ella podía recuperar los suyos, y si no poseía nada, siempre podía volver con sus padres
Sexo

Había una gran libertad, como se refleja en numerosos escritos y en la moda: las mujeres (a excepción de las reales, que se tapaban para no tomar el sol), al igual que los hombres iban con el torso desnudo en la primera época aunque había empleos en que iban desnudos: carniceros, marineros, sirvientas, etc. Las relaciones no estaban controladas, el incesto era habitual en la familia real y ni siquiera el adulterio de la mujer estaba penado, en el peor de los casos le costaba un divorcio, aunque en algunos papiros se relatan casos de pedradas ante el adulterio de la mujer. El único tabú era el considerar la menstruación impura, al extremo de dispensar a ciertos trabajadores de acudir a su puesto durante los días en que la tenía su esposa.
El historiador Diodoro escribió, que parte del acuerdo para contraer matrimonio era, que la esposa tendría el control sobre su esposo, y que no podía poner ninguna objeción a sus mandatos.
Diodoro afirma, que en el Nuevo Reino (1.500 a.n.e.), se daban las siguientes instrucciones:


No controles a tu mujer en su casa,
Cuando sabes que es eficiente;
No le digas: ¿Dónde está? O ¡Tráelo!
Porque ella lo ha puesto en el lugar correcto.
Obsérvala en silencio,
Entonces reconocerás su habilidad:
Esa felicidad que sientes cuando coges su mano,
Hay muchos que no saben lo que es.


Hay quien afirma que a los sacerdotes egipcios solo se les permitía tener una esposa, mientras que el resto de la comunidad podía tener tantas como quisiera. Por el contrario, los monumentos representan a cada individuo con una sola consorte. Se aprecia el afecto mutuo, la ternura, la expresión de cariño y en la forma amorosa en que se sientan juntos y con sus hijos.
Los pocos contratos de matrimonio que han sobrevivido al tiempo, demuestran que los derechos de las mujeres eran respetados.
En un contrato que data del año 580 a.n.e., pero basado probablemente en fórmulas anteriores, el futuro esposo prometía que si abandonaba a su esposa "incluso por aversión, o porque prefiriera a otra", devolvería la dote y una parte de la propiedad paternal y maternal que ella tuviese.


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