4 jun. 2011

Mi realidad

Aqui os dejo esto, de un día que simplemente me apetecía escribir. Espero que os guste.

Dulce aroma a incienso que envuelve el lugar, paredes surcadas de bajos relieves que parecen cobrar vida. Alzo la mirada y ahí está puntual como cada día, de vuelta triunfante de su lucha contra la yaeh, es tan confortable notar el abrazo maternal de sus rayos solares que alimentan mi piel y traen luz a cada rincón de mi desgastado ka. Desnudo mis pies y noto la suave y acariciadora arena del desierto de Kmt, única como todo lo perteneciente a este país.

Una leve brisa bañaba mi rostro produciendo una sonrisa en mi. De pronto llegaron a mis oídos una música especial. Jamás supe de la existencia de algo tan sumamente bello, sin duda era la música de la perfección. La música escrita por los dioses, esa música que te traslada y llega a todos los rincones de tu cuerpo, que te abruma por dentro con esos cantos celestiales. En este preciso instante, cuando una pequeña lágrima se escapaba tremulante cayendo de mis pupilas, fue cuando pude darme cuenta de que estaba en casa. Todo era perfecto, tal y como yo lo recordaba, no había nada que reprochar en el ambiente.
Era mi hogar, esos aromas, los sonidos, los animales que yo recordaba, mis gentes, mi habla, todo.
La música venía de un grupo de amigos que se divertían a pocos metros de mí. Me acerqué a ellos. Entonces unos niños pasaron corriendo mientras jugaban a algo parecido al hockey, uno de ellos llevaba la cabeza rapada excepto un pequeño mechón del cabello.
Una de las mujeres paró de tocar su arpa y me miró como en un resorte.
Sus ojos eran grandes como discos solares, verdes como las orillas del Nilo y de ellos sobresalía una larga línea dibujada por el mejor Khol elaborado en Kmt. Sobre su cabeza portaba el tesoro más luminoso de cuántos hayan existido, un cabello del color del más valioso oro.
Una sonrisa prominente se asomó a su semblante, y me arropó en un cálido abrazo. Era la bienvenida definitiva a mi tierra. Los mios me saludaban alegres, estaba en mi casa, era tal la felicidad que no habían palabras suficientes para describir aquello.

-¡¡Por fin!! los dioses escucharon mis plegarias, y te trajeron de nuevo a mis brazos hermana.-exclamaba exhausta de incredibilidad .-Tumbate en mi estera, estarás cansada de tu largo viaje, descansa y disfruta de nuestras melodias hermana, ya estás en casa, todo ha pasado.
Dandome cuenta de lo realmente cansada que estaba, obedecí el consejo de mi hermana y me tumbe.
Y asi, con la magnífica melodía de los dioses fue cayendo rápida y justiciera el agua de la clepsidra, el cielo se bañó en miles de puntos fulgurantes y Orión me regalaba su tierno resplandor.
Algo extraño ocurrió entonces, cientos de estrellas desaparecieron, y un aire húmedo se pegaba en mi piel asfixiante. La mágica melodía fue sustituida por estruendosos ruidos. Miré a mi alrededor asustada, estaba sola, una soledad que me atrapaba con sus garras. Quise gritar pero fueron el mismo miedo y la desesperación los que me impideron emitir sonido. Mis ropas eran rudas e incomodas que dificultaban el movimiento. ¿Que era está terrible pesadilla? ¿y mi tierra? ¿y mis gentes, mis templos? ¿ y el sonido celestial de la perfección? No podía hacerme a la idea de que todo aquello se había ido. había desaparecido tan rápido como había existido.
Ahora tendría que convivir en un mundo pesado y lento, lleno de errores que se agolpan en el Ka provocando fuertes impactos. Un mundo y un lugar que no eran el mio. Un mundo que no estaba enriquecido de cultura, de las artes, un mundo sin mis sabios. Un lugar hecho de cartón, simples construcciones para simples mortales. Pues aunque existiese cultura, y estuviesen las artes, ninguna de ellas se componía de la belleza de los dioses, de la perfección de lo inmortaly de lo eterno. Un mundo aburrido sin retos ni nada que pudiese distraerme de esta dura carga, de está distancia y lejanía de lo que por pocos instantes pude recordar con total precisión.
Al menos siempre me quedaría ese tenue recuerdo, ese regalo que podría visitar por el resto de mis dias.
Cada vez que vea a Orión majestuoso en el cielo de la noche, cada vez que oiga una bella melodía que aunque nunca pueda ser igual, podrá hacerme viajar a esos tiempos. En cada bajo relieve que aun estando sin color siguen siendo la imagen viva de lo bello, único y perfecto. En el tacto de mi querido lino...en cada rincón de mi existencia, seguiría estando él, por el que vivo y muero. Kmt.
Y asi confusa de cual es mi verdadera época, de que es lo que realmente vivo me quedé dormida entre amargas y desoladas lágrimas.
Porque este ni fue mi pasado, ni es mi presente, ni es mi futuro. Simplemente es mi realidad.

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