11 abr. 2011

Auguste Mariette

Auguste Mariette viajó a Egipto por primera vez con el objetivo de comprar papiros para el parisino Museo del Louvre. Sorprendiéndole a él mismo, lo que debía haber sido una estancia de apenas unos meses, se transformó en la dedicación de toda una vida. Egipto atrapó a Mariette y le convirtió en un eslabón fundamental en la historia de la egiptología. A él se deben infinidad de hallazgos, aunque el descubrimiento que le hizo más célebre fue la excavación en 1850 del Serapeum de Saqqara, la gigantesca catacumba en la que en la antigüedad se enterraban los sagrados toros Apis.

El hallazgo del Serapeum marca un importante hito en la historia de las investigaciones del Egipto faraónico y fue el auténtico detonante de una pasión que iba a acompañar para siempre a Mariette. Sin duda, la visión de un Egipto que vivía el constante expolio de su patrimonio arqueológico, debió conmocionar la sensibilidad de un hombre que se propuso concienciar al mundo de la necesidad de salvaguardar y proteger una riqueza única y magnífica.


En el momento en que Auguste Mariette llega a Egipto, el país era víctima de más desaprensivo saqueo de sus antigüedades, de modo que este francés, sensible y comprometido, se propuso iniciar una campaña contra el terrible expolio. Gracias a sus constantes esfuerzos, a su entrega y a sus dotes diplomáticas, consiguió que finalmente se creara el Servicio de Antigüedades Egipcias, siendo Mariette, además, su primer director. En su empeño proteccionista, Mariette fue además artífice del Museo Bulaq, precursor del que más tarde sería el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo.

Las tareas diplomáticas y las medidas de protección de los vestigios de la historia faraónica, fueron compaginadas por Mariette con grandes campañas de excavación. En sus trabajos descubrió algunas de las mayores y más célebres obras del arte faraónico; desde la majestuosa escultura de diorita del faraón Quefrén, hasta las frágiles pinturas de las ocas de Meidum; desde el desescombro del templo ptolemaico de Edfu, hasta las primeras excavaciones en Deir el-Bahari y el descubrimientos de las joyas de la reina Ahotep, que causaron sensación en la Exposición Universal celebrada en París en 1867. Allí Eugenia de Montijo pudo disfrutar de la belleza de las creaciones de los joyeros antiguos, y, ante tanta belleza, no pudo contener el impulso de pedírselas como regalo al virrey de Egipto. El temperamento de Mariette se hizo patente en esta ocasión, ya que no dudó en ningún momento en enfrentarse a los deseos de la emperatriz y en tramitar urgentemente el retorno de los valiosos objetos a El Cairo.

Mariette tenía en 1872, bajo su dirección, 2780 obreros trabajando en Egipto; encontró y trasladó unos 15.000 objetos de numerosos lugares en Egipto y Nubia. Excavó unas 300 tumbas en Saqqara y Guiza.

Fue nombrado miembro de la Academia de Inscripciones y Bellas-Letras en 1878. Enfermó gravemente, a causa de su diabetes, y fallece en 1881, en El Cairo, donde fue enterrado. Los egipcios, agradecidos, erigieron una estatua de Auguste Mariette en los jardines del museo egipcio de El Cairo.
☼`·.,¸¸,.·´¯ ▲•Neith•▲ ¯`·.,¸¸,.·´•▲Tras las arenas del tiempo▲ ·.·´¯`·.·☼

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